El año 2006 será recordado como el la movilización motera contra los guardarraíles.

Alrededor de 700 motoristas mueren cada año en España por culpa de estos dispositivos. Un problema contra el que están dispuestos a luchar hasta el final.

 

 08/01/2007                                             Un reportaje de Daniel Alonso

 

 

“Me llamo Javier y yo sé lo duro que es un poste de guardarraíl. Otros compañeros y amigos no tuvieron la misma fortuna y fueron ASESINADOS por cuchillas que a 29 kilómetros por hora pueden seccionar un miembro. Quizá no pueda volver a montar en moto, pero nadie me impedirá levantarme y gritar ¡BASTA YA!, porque no quiero que mis amigos sigan muriendo en la carretera. ¡Estoy harto de promesas incumplidas!”, así se expresó Javier en el manifiesto leído frente al Estadio Santiago Bernabéu de Madrid tras la manifestación del 16 de Diciembre. Una movilización en favor del millón de conductores de motocicleta que día a día se enfrentan a los peligros que brinda la carretera, concretamente el más preocupante de todos: los “sistemas de protección antisalida”, más conocidos popularmente como “quitamiedos” o “guardarraíles”.

Estos dispositivos se utilizan en España desde 1972 con la idea de minimizar los daños en los accidentes de coche, evitando que estos salgan de la vía. No obstante, en el caso de los accidentes de moto, los guardarraíles se presentan como un elemento ineficaz e incluso contraproducente.

En primer lugar son ineficaces porque las barreras son elevadas y no impiden que el cuerpo del motorista se deslice por debajo en caso de caída. Además - lo que es más grave - los postes que sujetan la barrera son perfiles de acero en forma de H. Cuando un cuerpo impacta contra uno de estos postes se producen amputaciones, lesiones graves y en ocasiones la muerte instantánea.

 

Fundamentos legales

La instalación de los guardarraíles no cuenta con una legislación definida. La primera referencia legal fue la Orden Circular 229 de la Dirección General de Carretera, promulgada en 1971 y que tenía caracter provisional. Esta primera norma se limitaba a establecer donde se debían ubicar los quitamiedos, sin hacer mención alguna a los elementos de seguridad para motos, bicicletas... etc.

La siguiente normativa (la que hoy está en vigor), es la Orden Circular 317/91 T y P, promulgada en 1991 después de 20 años de “provisionalidad”. Esta orden se limita a algunas “recomendaciones” en las que sí se contemplan medidas de seguridad para las motos, aunque no se establecen los mecanismos para su adopción, sino que se confía en la iniciativa de las administraciones autonómicas correspondientes.

A estos dos documentos legales hay que añadir una proposición no de ley presentada por el Partido Popular en Octubre de 1997 en el congreso de los diputados en la que todas las fuerzas políticas se comprometieron a sustituir o adaptar las barreras por otras menos peligrosas para los motoristas.

El colectivo motero denuncia que todas estas iniciativas han quedado reducidas a meras palabras, ya quelas vías que cuentan con guardarraíles seguros son mínimas en comparación con las carreteras que todavía no están adaptadas.

 

 

 

 

Iniciativas de movilización

Los amantes de la moto no están dispuestos a resignarse, y desde hace años organizan todo tipo de protestas para que la administración atienda a sus quejas y sustituya los guardarraíles.

Los motoclubs y otras asociaciones que en un principio surgieron para relacionar a personas que compartían la afición por la moto se han convertido en los últimos años en grupos de presión con una gran iniciativa para organizar manifestaciones y otro tipo de actividades.

Las iniciativas son diversas: Salva, de Barcelona, contribuye activamente junto con otros compañeros en la organización de las manifestaciones. Piden permisos para todo. Entre otras actividades, están preparando una donación masiva de sangre en la Plaza Catalunya, en la cual están dispuestos a repartir panfletos informativos a los transeúntes. “Somos algo así como la rama más cívica de los moteros. Que como en todas partes hay de todo.”, confiesa.

Y es cierto que hay otros dispuestos a emprender acciones más radicales, desde atentar directamente contra los quitamiedos hasta tratar de colapsar el tráfico en los días punta, circulando con la moto a velocidad reducida.

Una de las acciones más impactantes ha sido la del grupo protestARTE, y ha consistido en pintar de rojo los guardarraíles y poner maniquís, representando lo que sería un motociclista destrozado por un guardarraíl. La campaña no ha gustado a todos pero ha logrado su objetivo que era llamar la atención.

 

4-N, Manifestación nacional motera

Pero lo que supone un verdadero éxito de convocatoria son las manifestaciones. Se llevan celebrando desde hace años pero nunca habían contando con un grado de organización y cohesión como el que se ha hecho patente durante 2006.

Concretamente el día 4 de Noviembre se organizó la primera manifestación nacional motera, convocada por todos los motoclubs y colectivos moteros de España. La convocatoria llamó a concentrarse en la capital a motoristas de todos los rincones del estado y a pesar de la intensa lluvia, contó con la presencia de 7000 manifestantes (según los organizadores), 4000 según la policía.  Además de esa gran manifestación, se organizan periódicamente otras en Madrid y Barcelona, asi como en otras poblaciones.

Los asistentes a las movilizaciones son rotundos:  “tenemos que cambiar esta situación”. Es el caso de José Antonio, un motero madrileño que no se pierde  ni una manifestación “lo importante es que (el Ministerio de) Fomento se implique de una vez por todas y cumpla lo que lleva prometiendo hace años”.

La idea generalizada en las manifestaciones es la de “solidaridad motera”. Según Alberto, otro asistente, “aquí no consideramos diferencias políticas, no hay diferencia entre motos grandes o pequeñas, caras o baratas. Todos los motoristas somos igualmente vulnerables ante la amenaza del frío metal”.

 

Soluciones al problema

Las reuniones de moteros no solo sirven para protestar, sino que también son un espacio público para debatir sobre la problemática de la seguridad vial y para discutir soluciones; que en ocasiones son puestas en conocimiento de las autoridades y propuestas para su aplicación en las vías.

Por lo general, el colectivo no comparte las medidas que ha tomado el estado, sobre todo consistentes en proteger de alguna forma el perfil en “H” de los postes, acoplando algún tipo de pieza fabricada con material blando.

Los motociclistas creen que esta medida es únicamente testimonial y muy poco efectiva, ya que esos materiales se deforman, se erosionan y en caso de accidente protegen muy poco al accidentado (aunque es cierto que reducen las amputaciones, pero no las lesiones graves). La mayoría cree que la solución pasa por sustituir el sistema por otros patentados, tales como el sistema “Daragón”, que incorpora elementos de seguridad que evitan las aristas cortantes.

El problema es el coste del proyecto, 60.000 euros por cada metro de autovía, un coste que de momento ninguna administración está dispuesta a asumir. Los activistas empiezan a tratar el asunto como sí de una guerra contra el Ministerio del Interior se tratase; una guerra en la que la DGT pone las multas y los moteros los muertos.

 

Otras barreras: el rechazo

No son solo los guardarraíles los que perjudican al motociclista; a menudo tienen que sufrir la agresividad de otros conductores y, en general, de una sociedad que juzga a los moteros según una serie de estereotipos arraigados. Para la opinión pública los motoristas son poco menos que delincuentes. Son acusados de conducir temerariamente, de hacer mucho ruido y en general respetar poco a los demás usuarios. Además popularmente se considera que en la mayoría de los casos son ellos mismos los culpables de sus accidentes.

Los motociclistas comprenden que toda campaña de comunicación tendente a mejorar la seguridad vial tiene que ir acompañada de un “lavado de imagen” hacia el colectivo.

“No podemos hacer que el gobierno nos tome en serio si la mayoría de los ciudadanos nos culpabiliza de los accidentes”, lamenta Antonio, un motorista leonés.

Los convocantes de las manifestaciones creen que las protestas serían más efectivas si se contara con el apoyo de toda la comunidad de usuarios de la vía, incluyendo conductores de automóvil, ciclistas y peatones.

Además, ¿son seguros los quitamiedos para los automóviles?. En caso de accidente, un coche puede impactar contra el poste del guardarraíl, lo cual puede provocar en los ocupantes más lesiones que si no hubiese tal guardarraíl.

Fito es miembro de la Plataforma motera para la solidaridad y también es conductor de automóvil. Hace años sufrió un accidente de coche y este volcó saliendo de la vía. La carretera no tenía guardarraíl y el coche acabó en el “sembrado”. El piensa que si se le hubiese atravesado una barrera en el camino el impacto habría sido mayor, y quizás no habría salido tan bien parado; “en mi opinión, fuera aparte de que los guardarraíles sean peligrosos para los motoristas, creo que el 90% de los guardarraíles sobran”, expresa.

El 88% de los motoristas son también conductores de coche, lo cual les ofrece una doble perspectiva de la problemática. Al contrario de lo que la mayoría de la gente piensa, los conductores de motocicleta son víctimas de más accidentes de los que provocan. Según la DGT, solamente en uno de cada tres accidentes en los que está implicada una moto es el motorista el culpable. Normalmente el causante es el conductor de un coche por no mirar y señalizar con antelación, o no respetar la prioridad de paso de la moto.

Ante la evidencia de las estadísticas, ningún motero comprende todavía por qué la DGT no lleva a cabo una campaña de concienciación ciudadana.

Según un informe que el Consejo Europeo de Seguridad Vial publicó en 2003, “por cada kilómetro que recorre un usuario vulnerable (ciclista, peatón o motorista) en una carretera de la Unión Europea, el riesgo de perder la vida en comparación con el de una persona que viaje en automóvil es ocho veces mayor en el caso de un ciclista, nueve veces mayor en el de un peatón y 20 veces mayor en el de un motorista”. Los moteros reconocen que la moto en si misma implica más riesgo, al menos piden reducir el riesgo lo máximo posible.

Los motociclistas ya están cansados y no permitirán que ningún grupo parlamentario siga ignorando los compromisos que contrayeron. Salva, de Valladolid, admite que está dispuesto a cambiar su voto por un guardarraíl que no mutile, y ese es el mismo compromiso que tienen otros compañeros.

Mientras las cosas no cambien, los motoristas están dispuestos a continuar las movilizaciones. “Solo podemos seguir aquí, protestar por lo que es justo, que las administraciones nos garanticen nuestro derecho a circular con la misma garantía de seguridad que a los demás vehículos. Y no solo es eso, también consiste en venir y honrar a los que ya no están con nosotros, a los que ya no pueden caminar, ni montar en moto y también los que se dejaron la vida en un trozo de metal. Por todos ellos tenemos la obligación moral de estar aquí y enviarles ráfagas al cielo”.

 

 

DESPIECE 1:

 

Otras trampas de la carretera

Los elementos de señalización vertical. Las señales y semáforos suelen ir provistos de postes metálicos muy rígidos. En caso de accidente ofrecen una resistencia muy fuerte ante los impactos; no se rompen y pueden provocar daños a los viajeros. Los motociclistas proponen la sustitución por modelos más flexibles que absorban la energía de los impactos.

 

Las aletas de tiburón. Los moteros valoran positivamente que las administraciones permitan la circulación de motos por carriles reservados para taxis y autobuses. No obstante, denuncian el peligro de las “aletas de tiburón”, elementos que algunos ayuntamientos (como el de Madrid) utilizan para delimitar los carriles. No siempre son visibles y pueden provocar accidentes si una moto los pisa.

 

La pintura deslizante. Las marcas viales y los pasos de peatones muchas veces están pintados con pintura deslizante. En condiciones de humedad pueden provocar que una motocicleta resbale y pierda el equilibrio. Este tipo de pinturas también ponen en peligro a los peatones, que de la misma forma pueden resbalar y caer. En ocasiones los pasos de cebra se pintan íntegramente para mejorar su visibilidad, lo cual los hace doblemente peligrosos.

 

Vías en mal estado. Las carreteras a menudo presentan baches, gravilla, aceite... El mal estado de las vías de circulación es una causa frecuente de accidentes de coche; pero lo es aún más en las motos, ya que estas se desestabilizan más ante los obstáculos de las carreteras.

 

Los coches. Los motociclistas se tienen que enfrentar cotidianamente al tráfico de las calles y carreteras. El impacto contra un coche es la primera causa de accidente en moto, lo cual se debe - según los motoristas - a que los coches “no respetan” la circulación de las motos. Los conductores de automóviles alegan que las motos son poco visibles y denuncian que suelen conducir temerariamente. En todo caso, la DGT reconoce en un informe la conveniencia de que los conductores aprendan a comportarse ante la presencia de una motocicleta en sus inmediaciones.

 

DESPIECE 2:

El accidente de Javier

“Iba circulando tranquilamente por la carretera M-505; un paraje natural precioso. Rodaba con mis amigos a no mucha velocidad cuando en una curva perdí el equilibrio. Lo siguiente que recuerdo es verme a mi mismo empotrado contra el poste del guardarraíl y que  todo el mundo estaba a mi alrededor. No me podía creer que esto me estuviese pasando a mi”. Así narra Javier Rodríguez como fue su impacto contra un quitamiedos el 15 de Julio de 2006.

Javier siempre había sido una persona concienciada con la seguridad vial, jugaba un papel muy activo en las manifestaciones ya antes de sufrir el accidente, había superado recientemente un curso de conducción segura en un circuito y nunca salía con la moto sin ir perfectamente equipado: Casco, mono, botas, guantes, protectores... todo de la mejor calidad. Pero nada de eso le sirvió cuando su cuerpo chocó contra la barrera.

Él es consciente de la suerte que tuvo por topar con un guardarraíl protegido, pero a pesar de eso y de que iba a poca velocidad, ha perdido movilidad en las extremidades y aun hoy, medio año después, tiene problemas para caminar. “Si el guardarraíl hubiese estado sin acolchar seguramente me habría seccionado las extremidades”, asegura. Actualmente continúa en el hospital y acude a rehabilitación. Su recuperación es lenta pero cuenta con el apoyo de los compañeros. Hoy en día actúa contra los quitamiedos desde la asociación “Lucha Motera”, que está en trámites de ser reconocida oficialmente. Está dispuesto a hacer lo que haga falta para evitar que alguien tenga que pasar por la experiencia que él ha sufrido. Si se consigue, habrá merecido la pena.

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http://luchamotera.com/ 

http://www.protestarte.com/ 

Nemesis | Reflexiones | 16 Enero 07
skiter, <> / 27 Enero 07  
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Joder...hay veces que (casi) se preferiria estar desinformado sobre el tema tongue.png

Me has metido miedo en el cuerpo tronco...pero es cierto que todo eso pasa. Animo!!

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